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Dejando los PAÑALES
El control de Esfínteres
Es ésta una de las etapas que en ocasiones
despierta mucha angustia en los padres y llega a originar situaciones
de tensión con los hijos: se presta incluso a competencia entre
los niños de la misma edad calificando de esta forma el grado de
desarrollo psicomotor, obediencia, estimulación etc., siendo frecuente
que, secundario a esto, se den actitudes de maltrato a los niños.
El control de esfínteres NO SE APRENDE. Se
ADQUIERE cuando el niño está maduro para hacerlo. Caminar,
hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños
están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas,
lentas, que llevan mucho tiempo.
Cuándo iniciarlo
Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo
cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año,
comer alrededor de los 6 meses y controlar esfínteres entre los
2 ½ y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la
edad para comenzar a hacer todas esas cosas, no tiene relación
alguna con el desempeño posterior en la vida adulta y a nadie van
a preguntar en la universidad o en una entrevista de trabajo a qué
edad aprendió a caminar.
Los adultos deberíamos preguntarnos que nos
pasa que estamos tan apurados por conseguir logros con nuestros hijos.
Al haber fijado como “normal” la edad de 2 años para
el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre
todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Bien entrada la mitad del segundo año de vida (o sea, después
del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta
cuando tienen el pañal sucio, e incluso a saber cuándo se
están haciendo pis. Este es un lento proceso que puede llevar alrededor
de 2 años más, desembocando luego en el control de esfínteres.
Con mucha frecuencia escuchamos a las mamás excusar a sus hijos,
porque “se hicieron encima” diciendo, “estaba tan entretenido
jugando que se olvidó” o preguntando millones de veces antes
de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de
líquidos a la noche para que aguante mejor sin mojar la cama. Cuando
el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son
infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren
estas cosas.
Esperar a que llegue el verano
Aprovechar el verano para quitar los pañales es una conveniencia
de los adultos. Así aprovechamos con el niño de un año
y medio, con el de 2, con el de 2 y medio indistintamente. Perseguimos
entonces a los niños incansablemente preguntándoles si tienen
ganas de hacer pis, les tocamos las ropas, los sentamos en el inodoro
sin ganas, e invertimos preciosas horas en comunicarnos en este nueva
escala de valores donde lo más importante, lo que pone feliz o
triste a mamá, es “si me hice o no me hice”.
Quizás el mito del verano nos haya sido heredado
de la época de los pañales de tela, pero hoy en día,
con los desechables, con lavadoras automáticas, no hay motivo alguno
para apurar los procesos evolutivos de nuestros hijos. Algunos podrán
controlar temporalmente esfínteres, cuando todos estamos de vacaciones,
y tienen a mamá todo el día consigo, pero al comenzar las
clases, las exigencias, las separaciones, vuelven a “retroceder”,
dejando en claro que aún no pueden ocuparse de controlar esfínteres
en situaciones donde están frágiles emocionalmente.
¿Qué nos pasa a nosotros?
Los adultos no hablamos entre nosotros de pises y cacas. La etapa de adquisición
del control de esfínteres de nuestros hijos, nos enfrenta con muchas
cosas que quizás nos cuesta ver: el placer de los niños
al poder decidir casi por primera vez, si retienen su pis o su caca, y
hacerlo donde y cuando lo desean; la delimitación de una zona de
autonomía, de la cual quedamos excluidos. Es un espacio de poder,
donde son ellos quienes deciden y les causa placer estrenar esta capacidad
de hacerlo por sí mismos. Nos cambia radicalmente de lugar: aquí
no podemos ordenar, ni forzar, ni apurar las cosas. Cada uno lo hace cuando
quiere. Nos incomodan ciertos placeres de nuestros hijos... la succión,
la masturbación (mi hijo no!!!, Jamás!!!!!) las conductas
autoeróticas, y nos incomodan tanto que arremetemos contra ellos,
en lugar de volver sobre nosotros mismos a ver qué nos pasa.
De día y de noche
El control nocturno merece un capítulo aparte. Aunque un niño
controle esfínteres durante el día, pueden pasar aún
muchos meses más hasta poder hacerlo por la noche. Usualmente se
dice que luego de varias noches con el pañal seco, el bebé
está listo para dormir sin él.
A la hora de pensar en esto, es importante tener en cuenta que:
- El niño debe estar de acuerdo y saber exactamente
qué está ocurriendo, qué se espera de él
(“como hace varias noches que no mojas el pañal, ¿te
gustaría probar dormir sin él? Te pondré un plástico
debajo de la sábana para que no te preocupes si te haces pis,
y probaremos. Si no quieres, probamos más adelante”).
- Como todo proceso, el control de esfínteres
no es algo lineal, sino que habrá muchos avances y retrocesos.
Esto es parte de lo esperable, y lo más importante es que nuestros
hijos sepan que los acompañamos en este proceso y lo esperaremos
todo lo que haga falta.
- En cualquier orden de la vida, el reforzamiento
positivo es beneficioso (“qué bien lo hiciste, estoy orgullosa
de ti”, “casi llegamos al baño esta vez, la próxima
será mejor aún”). Bajo ningún concepto es
aceptable que retemos al niño, que lo humillemos, que lo ridiculicemos
o comparemos con otros amigos o hermanos que ya han logrado el control
de esfínteres. Recordemos que no hay nada que él pueda
hacer para controlar. No depende de que se acuerde, de que esté
atento, ni de nada de eso. Se debe estar maduro para
eso, y humillarlos o pretender acelerar el proceso es tan ridículo
e infructuoso como gritarle a una oruga pretendiendo que se convierta
en mariposa.
Dobles mensajes
Una pregunta muy frecuente en las mamás que consultan, es que temen
darle un doble mensaje a su hijo si le vuelven a poner el pañal
una vez que se lo han quitado. Siempre se puede volver atrás.
Los papás consultan atemorizados porque su hijo se ha vuelto “regresivo”.
No se puede hablar de regresión en un niño de 2 ó
3 años, porque no se puede regresar a un lugar del que nunca se
ha salido.
Otra preocupación muy común es la de
los mensajes contradictorios. Damos tantos mensajes contradictorios a
nuestros hijos todo el tiempo, que en el peor de los casos, este sería
uno más. Pero no lo es. El único mensaje debiera ser “Te
acompaño, y si ayer pudiste estar sin pañal y hoy lo necesitas,
te lo pondré”.
Los chicos tienen cosas mucho más interesantes
que hacer a esta edad, antes que estar todo el día preocupados
en sus pises y cacas.
Es común que lleguen al consultorio chicos
con un diagnóstico de enuresis secundaria (que quiere decir que
se hacen pis o caca luego de haber adquirido el control de esfínteres),
cuando en realidad, indagando, invariablemente son chicos a quienes se
les ha “sacado el pañal” demasiado pronto, y nunca
han adquirido verdaderamente el control de esfínteres. En estos
casos, sin importar la edad de quien consulta, la solución pasa
por volver a usar el pañal, por el tiempo que sea necesario, sin
vivirlo como algo humillante, como un retroceso o como un castigo, sino
simplemente entendiendo que esta función debe terminar de adquirirse,
y como adultos, acompañaremos todo el tiempo que haga falta.
Algo comenzará a cambiar cuando dejemos
de decir “le saqué la teta, le saqué el pañal,
lo saqué de nuestra habitación”, y podamos tener la
paciencia suficiente como para esperar a que sean ellos quienes nos indiquen
el camino a seguir.
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