Hábitos Nocivos en lactantes y 1era infancia

La Hipertensión arterial (HA) se observa aproximadamente en un 1% a 2% de los niños.
Hablamos de Hipertensión Arterial en pediatría cuando los valores de la tensión o presión arterial (PA) se encuentran por encima del Percentil 95 de las tablas específicas para sexo, edad y talla; normotensión cuando la presión arterial se encuentra por debajo del Percentil 90; y de presión normal alta entre éste y el Percentil 95.
Estas tablas son muy útiles ya que no es igual la Tensión arterial de un lactante si la comparamos con la de un niño escolar y mucho menos con respecto a los adolescentes y adultos.
También existen diferencias en cuanto a los sexos y a la talla.
Para definir Hipertensión Arterial no alcanza con una sola medición, son necesarias como mínimo 3 (tres) mediciones ya que es frecuente comprobar valores elevados en el primer control de PA de un niño que no se confirman posteriormente. Esta condición ya referida a nivel de los adultos, está exagerada a nivel pediátrico y sobre todo en aquellos niños cuyos padres son hipertensos. Este grupo de niños puede mostrar en los primeros controles cifras tensionales muy elevadas que posteriormente descienden, y que pueden en un primer momento llevar erróneamente al diagnóstico de HA.

Otra cuestión a destacar es la necesidad que el manguito que se coloca en el brazo debe ser el adecuado para la edad y tamaño del niño ya que la primer causa de hipertensión es debida a errores en la medición por el uso de manguitos de tamaño inadecuado.
Como referencia se puede tener en cuenta que el manguito del tensiómetro debe cubrir unos 2/3 (dos tercios) del brazo y la circunferencia del mismo.
El ambiente donde se toman los registros de presión arterial debe ser calmo y la técnica adecuada con el niño tranquilo, cómodo con su brazo bien apoyado y a la altura del corazón.

Una vez descartado todo tipo de error técnico y realizado el diagnóstico de Hipertensión Arterial será importante que el pediatra realice un seguimiento evolutivo de estos niños para decidir si sus cifras tensionales son o no verdaderas. Es conveniente hacerlo antes de realizar estudios complementarios o iniciar algún tipo de tratamiento.
Puede complementarse su estudio mediante el monitoreo ambulatorio de Presión Arterial (MAPA) que ayuda a definir su real patología.
Como ya dijimos, la gran mayoría son asintomáticos, de ahí la importancia de incluir la toma de PA en el control pediátrico. Los síntomas cuando están presentes pueden deberse a la propia HA o bien ser síntomas de la enfermedad que la causa.
En recién nacidos se puede manifestar como una falla cardíaca, irritabilidad, dificultad respiratoria, convulsiones, fallo del crecimiento.
En niños mayores puede manifestarse con cefaleas (dolor de cabeza), náuseas y vómitos, irritabilidad, fatiga, epistaxis (sangrado nasal), fallo en el crecimiento, convulsiones.

La HA del niño, al igual que en el adulto, se diferencia en esencial y secundaria.
Hipertensión arterial esencial
La HA esencial constituye a partir de la adolescencia la primer causa de HA.
Una vez realizado el diagnóstico de HA el médico realizará una serie de estudios que le permitan descartar una causa evidente de esa hipertensión arterial. Si los resultados son negativos el diagnóstico primario sería de hipertensión arterial esencial.
Una vez comprobada debe estudiarse y tratarse sin pensar en ella como una urgencia. Sus complicaciones en esta edad son excepcionales, y concede al médico el tiempo imprescindible para su estudio completo sin necesidad de instalar tratamientos urgentes que muchas veces hacen imposible un diagnóstico causal completo. Es preferible postergar algunos días el inicio de cualquier plan de tratamiento para conseguir así descartar alguna causa secundaria de esa HA. A veces la edad del paciente (adolescente), la existencia de antecedentes familiares de HA, las características de la PA, (cifras levemente aumentadas-HA leve) sugieren el diagnóstico muy probable de HA esencial.
En suma: la hipertensión arterial esencial existe en pediatría. Es la causa epidemiológicamente más importante a partir de la adolescencia y debemos pensar en ella, cuando no encontramos en un primer estudio o en revaluaciones posteriores causas específicas a las que atribuir las cifras tensionales elevadas. Datos útiles para este tipo de enfermedad son los antecedentes familiares de hipertensión, de obesidad, de muerte de causa cardíaca a edades tempranas, colesterol sanguíneo elevado, diabetes, etc.

Hipertensión arterial secundaria
Cuando la hipertensión es producida por algún tipo de enfermedad de base, se denomina Hipertensión Arterial Secundaria.
La HA secundaria es tanto más frecuente cuanto menor sea la edad del niño y cuanto mayores sean sus cifras tensionales. Dentro de las patologías que producen este tipo de hipertensión las Enfermedades Renales son por lejos las más comunes siendo responsables de un 70 a 80% de los casos, aunque existen también causas endocrinológicas, neurológicas, vasculares, etc.
En suma: la HA secundaria existe en el niño, y siempre debe investigarse antes de llegar al diagnóstico de HA esencial.

 

Existe consenso en que la HA en el niño debe ser encarada como factor de riesgo cardiovascular y por lo tanto debe ser tratada en forma apropiada.
Se dispone para el tratamiento de medidas no farmacológicas (cambio en el estilo de vida) y farmacológicas.

a) Tratamiento no farmacológico
Incluye: reducción del peso en obesos, restricción de la ingesta de sal y realización de ejercicios físicos, el cual dependerá del grado de hipertensión (moderada o severa). Estas medidas implican un cambio en el estilo de vida y son difíciles de lograr. Sin embargo se debe insistir en ellas en el tratamiento de toda HA. Es el único tratamiento indicado en pacientes con presión arterial normal alta, HA leve y un complemento importante, que potencia el tratamiento farmacológico, en pacientes con HA severa.

b) Tratamiento farmacológico:
No todo paciente con Hipertensión arterial lo tiene indicado.
Está indicado en HA severa. El tratamiento debe ser individualizado, dependiendo de la causa de la HA, de las cifras tensionales y de los efectos secundarios a largo plazo del antihipertensivo.

Teniendo en cuenta el papel de la HA en la morbimortalidad vascular, su elevada frecuencia y que su comienzo puede encontrarse en la infancia, el mejor tratamiento consiste en la detección temprana, por lo tanto, la toma de PA debe incluirse en los exámenes de salud rutinarios del niño sano.
En algunos niños los controles de PA deben realizarse con más frecuencia, éstos incluyen:

  • Niños con historia de cateterización de arteria umbilical
  • Niños con diabetes mellitus (ver BabyMundo Otoño 2008)
  • Niños obesos
  • Historia familiar de hipertensión arterial
  • Historia de infarto de miocardio a una edad temprana en familiares de 1º. y 2º. grado.
  • Pacientes con enfermedad renal.

Entre los principales cuidados a brindar al bebé desde su nacimiento se contemplan: la alimentación, protección, abrigo y control médico. Con estos cuidados los padres buscan lograr la satisfacción y bienestar de su hijo, siendo fundamental en este caso la detección temprana de malos hábitos (hábitos nocivos) para el crecimiento y desarrollo de los maxilares y la oclusión dentaria, ya que, si éstos perduran en el tiempo ocasionan trastornos difícilmente corregibles dando paso a las maloclusiones muchas veces acompañadas por una deglución atípica.
El ser humano desde la vida intrauterina instintivamente realiza la succión de dedos, labios y lengua, de tal manera que en el momento del nacimiento la función de succión está plenamente desarrollada. Por lo tanto el recién nacido tiene la necesidad de succionar no sólo como mecanismo para extraer leche del seno materno o del biberón sino como un ejercicio propio, fuente de satisfacción y también como un modo básico de conocimiento del mundo.
Cuando el bebé es alimentado con leche materna satisface su hambre pero no la necesidad de succionar, por lo cual busca otras formas de satisfacción llamadas succión no nutritiva, en esta situación es el chupete el que puede satisfacer esta necesidad y más aún en el bebé alimentado a mamadera, ya que satisface su hambre pero no su necesidad afectiva deseando succionar más después de cada ingesta.
En ocasiones el bebé no quiere el chupete y succiona su dedo, entre el dedo o el chupete es preferible este último ya que su uso disminuye con la edad, mientras que la succión digital puede persistir por años. Si el niño recibe chupete tempranamente la succión de dedo disminuye 7 veces. La succión digital es más nociva que el chupete por lo tanto es necesario instruir a los padres para que lo ofrezcan a su hijo desde temprana edad si se detectara esa inclinación. En general el chupete es abandonado en la etapa preescolar, entre los 2 y 3 años, con el dedo no ocurre lo mismo, la frecuencia no disminuye durante el período preescolar sino que en el 50% de los casos persiste más allá de los 3 años.

Uso del chupete: ventajas y desventajas

Si bien el chupete satisface la necesidad de succión y posee un indiscutido efecto tranquilizante en los bebés, también tiene otros efectos adicionales tales como:
Ahora bien; si el uso del chupete persiste luego de los 2 años y medio de acuerdo a la frecuencia y duración su uso puede dar lugar a:
Son todos ellos factores inherentes a los cuidados del bebé que los padres deben conocer. La extensión del daño depende de la duración, frecuencia e intensidad del hábito.
En general las alteraciones en la oclusión dentaria por una succión no nutritiva, ya sea mordida abierta anterior, mordida cruzada unilateral así como también un marcado overjet; disminuyen si el hábito es discontinuado y mejora si el hábito cesa. Por lo tanto es necesario romper el hábito del chupete a los 2 años y evitar así alteraciones en la dentición primaria habiendo una tendencia a la curación espontánea.

Características deseables en un chupete:

En cuanto a su fabricación, existen enteros y ensamblados; con tetinas redondas o anatómicas; realizados en silicona o látex, ambos materiales son atóxicos y aptos para la realización de tetinas. La silicona es un material que se puede dañar con los dientes y sus partes ser ingeridas por el bebé, por eso es que se aconseja su reemplazo por el látex cuando erupcionan los dientes, a su vez el látex absorbe agua y aumenta su tamaño por eso debe ser controlado periódicamente.
En cuanto a la forma de la tetina, la redonda fue diseñada para asemejar el pecho materno la cual puede ser utilizada sólo en un primer momento, luego su reemplazo por una anatómica está indicado ya que tiene la forma de la boca del bebé imitando en su parte superior la forma del paladar y en su parte inferior la del reborde mandibular.
Este tipo de chupete anatómico está diseñado para promover los movimientos musculares semejantes a los que realiza el bebé al amamantarse lo cual conduce a un mejor desarrollo del arco dental. De preferencia debe elegirse un chupete anatómico desde el comienzo ya que es muy superior en cuanto al desarrollo del bebé y su reemplazo no es fácil si se comienza con uno redondo o convencional. Estudios realizados muestran que la mordida abierta es mucho mayor con los chupetes convencionales que con los anatómicos.
Otra característica a tener en cuenta en la elección de un chupete es el disco que debe tener un diámetro adecuado para no ser aspirado y evitar que el niño juegue con el disco y los labios, muchos succionan con el disco dentro del labio inferior causando efectos indeseables como separación de los dientes en la línea media. La forma cóncava del disco permite los movimientos de succión y el cierre bucal adecuado.
El envase ideal es el hermético libre de contaminación con indicaciones de uso y limpieza.

El chupete debe limpiarse diariamente con solución descontaminante o hervirlo en agua durante 3 minutos. Se aconseja guardarlo en recipiente cerrado, limpio y seco. El mismo debe descartarse en cuanto se detecte alguna alteración.

La succión de dedo (generalmente el pulgar) es el más frecuente de los hábitos orales patológicos que pueden presentar los niños. En las primeras semanas de vida este hábito es muy frecuente ya que responde a un reflejo innato, conforme el niño va creciendo la frecuencia disminuye.

A partir de aproximadamente los 4 años de edad es cuando la persistencia de los hábitos nocivos influye más negativamente en el desarrollo originando maloclusiones.
También a esta edad 4 ó 5 años aumenta el rechazo social ante el hábito lo cual puede alterar el desarrollo emocional del niño.

Recopilación:
Revistas Asociación Odontológica Argentina
“Odontología Para Niños”

Dra. María Laura Alonso - Odontóloga