SALUD OCULAR
La salud ocular en los niños es un tema del cual en general se habla muy poco. Cuando nos invitaron a colaborar en BabyMundo nos pareció una muy buena oportunidad para trasmitirles a las madres y a los padres algunos conceptos importantes sobre este tema que contribuyan a forjar el bienestar de sus hijos.

Quisiéramos comenzar por algo muy básico pero que consideramos primordial como lo es la prevención en salud. Preguntas como: ¿debo llevar a mi hijo al oftalmólogo?, si no tiene ningún problema con sus ojos ¿lo debo llevar igual? ¿A qué edades deberían controlarse los ojos?, etc, nos llegan a diario y de todos los niveles sociales, lo que implica que la gente en nuestro país sabe muy poco aún sobre este tema.

Las enfermedades oculares en los niños son, afortunadamente, poco frecuentes, pero existen. La única manera de evitar muchas de ellas o de detectarlas a tiempo es controlando a nuestros hijos regularmente, aunque no presenten ningún síntoma ocular.

También hablaremos de otras formas de prevención como la prevención de accidentes o traumatismos oculares y la prevención de lesiones por rayos ultravioletas provenientes del sol.

Prevención
Nos vamos a referir a tres situaciones diferentes:

1. Controles oculares en los niños
2. Prevención de traumatismos oculares
3. Prevención del daño ocular causado por los rayos solares

1. Controles oculares en los niños
Todos los niños deben ser controlados por un oftalmólogo aunque no presenten ningún problema evidente en sus ojos. En general se recomienda que se realice un primer control a los 3 años y luego a los 6 y a los 12 años.

Por supuesto que si el niño presenta algún síntoma ocular se lo llevará a la consulta en ese momento, independientemente de la edad que tenga. Si existen antecedentes de problemas oculares en la familia también se alterará este esquema y puede estar indicado un control oftalmológico más frecuente.

A los 3 años el examen que se puede realizar es muy sencillo, pero alcanza para establecer si el niño tiene una correcta fijación, es decir, si persigue los objetos con la mirada en forma correcta, si hay una diferencia en la visión de ambos ojos, si existe alguna desviación de los ojos o si hay alguna alteración anatómica ocular.
A los 6 años el niño ya colabora más y es capaz de leer las cartillas con letras o números que objetivan la agudeza visual de cada ojo.

Una de las cosas que debemos identificar en estos controles es si el niño precisa usar lentes o no. Esto es de vital importancia ya que si el niño precisa lentes es imprescindible que los use antes de los 10 años. En este período de la vida es cuando se desarrolla la vía óptica, es decir las conexiones que van desde el ojo hasta la corteza cerebral occipital donde se encuentra el área de la visión. Si no se usan los lentes en este período (antes de los 10 años) estas conexiones no se desarrollan adecuadamente y como consecuencia uno o ambos ojos quedarán para siempre con baja visión. El uso de lentes luego de este período ya no podrá mejorar la visión.

Con esto queremos resaltar la importancia de los controles oftalmológicos en los niños ya que puede estar en juego la visión y por lo tanto la calidad de vida que tendrá el niño para el resto de su vida.

2. Prevención de traumatismos oculares
La prevención de traumatismos oculares se refiere simplemente a evitar situaciones que puedan derivar en un traumatismo ocular.
Estos traumatismos ocurren frecuentemente en el hogar y es por eso que mientras que nuestros hijos sean pequeños debemos estar atentos a los posibles “peligros” que puedan existir en casa e intentar acondicionar nuestros hogares en lo posible, para evitar situaciones trágicas. Todo esto por supuesto que se extiende a la prevención de cualquier tipo de accidente en el hogar y no sólo a los oculares.

Si ustedes se sientan en el piso con la cara a la altura de los ojos de sus hijos y miran el mundo que los rodea se van a dar cuenta que hay más “peligros” de los que creemos. Las mesas tienen esquinas, los herrajes de los placares de la cocina o los dormitorios tienen puntas, las carpetas u otros objetos que dejamos asomando sobre una mesa también tienen puntas, etc. Esa sencilla práctica de sentarse y mirar desde la altura de los ojos de nuestros hijos es una maniobra económica y sencilla para evitar traumatismos.

Luego de identificados los posibles “peligros” debemos buscar maneras de eliminarlos o reducirlos y de cambiar determinados hábitos para que dejen de ser un peligro potencial para nuestros hijos. Hay que tratar de cubrir o evitar las esquinas y puntas a la altura de los ojos de los niños, no dejar nunca elementos cortantes como cuchillas o tijeras a su alcance. Evitar que los niños estén alrededor nuestro si estamos empleando algún elemento cortante porque podemos girar y sin querer lastimarlos y por supuesto enseñarles a que ellos mismos eviten los peligros. Debemos controlar los juguetes con los que juegan, especialmente los varones, como ser espadas, flechas, etc.

También debemos prevenir traumatismos oculares cuando nuestros hijos son transportados en auto. Siempre deben ir en el asiento trasero, con el cinturón de seguridad y en las sillas especialmente diseñadas para ellos. Si van sueltos, en una frenada pueden salir despedidos, impactar en el parabrisas, hacerse una herida en el rostro y/o en los ojos. Hoy en día se agrega a esto el riesgo de los traumatismos oculares con el airbag. Con esto no queremos decir que el airbag no sea útil, todo lo contrario, es uno de los elementos modernos de protección que ha disminuído las lesiones por accidentes de tránsito, pero fue diseñado para adultos sentados en los asientos delanteros. Si sentamos a un niño en el asiento delantero el airbag al inflarse no lo hará frente al tórax sino frente a la cara del niño pudiendo lesionarlo.

Otros accidentes también prevenibles son los que se producen con la pirotecnia que se utiliza en las fiestas de Navidad y fin de año. Las fiestas de fin de año son una preciosa oportunidad para reunirse en familia o con amigos y disfrutar. En los últimos años ha habido un consumo masivo de distintos elementos de pirotecnia que colorean de forma increíble el cielo uruguayo. Pero también todos los años vemos pacientes con quemaduras por fuegos artificiales.

Todos los fuegos artificiales deberían de venir con indicaciones precisas incluyendo para qué edades son adecuados y cómo deben ser utilizados. Ninguno es para ser usado por niños. Los niños no deben manipular ni usar elementos de pirotecnia. Tampoco deberían estar parados cerca del adulto que los usa porque los fuegos artificiales pueden fallar saliendo con una trayectoria distinta de la prevista y lesionar al niño. Si la familia quiere tirar pirotecnia los niños deben disfrutar mirando desde una distancia prudencial.

Los traumatismos con pirotecnia generalmente producen lesiones oculares severas que muchas veces requieren una cirugía reparadora de urgencia. Sin embargo, a pesar de la cirugía pueden quedar desde secuelas visuales mínimas a la pérdida total de la visión de uno o ambos ojos.
3. Prevención del daño ocular causado por los rayos solares.
Como último punto nos vamos a referir al daño ocular producido por los rayos solares, especialmente en el verano cuando la exposición al sol es mayor.
¿A qué nos referimos con daño por los rayos solares? Está demostrado que los rayos ultravioleta que forman parte de la luz solar son absorbidos dentro del ojo en diferentes estructuras. Entre ellas las de mayor importancia son el cristalino y la retina. El cristalino es como un lente que está dentro del ojo y que es similar en forma y tamaño a una lenteja. Normalmente es transparente. Por diversos factores, entre ellos la edad y la exposición a los rayos ultravioleta provenientes del sol o de otras fuentes, el cristalino se va opacificando y formando en el adulto lo que denominamos cataratas.

Estos rayos también pueden producir daño en la retina participando en la génesis de una patología denominada degeneración macular relacionada a la edad la cual es la principal causa de ceguera en los mayores de 60 años. Se preguntarán qué relación tienen estas dos enfermedades oculares, que se dan en los adultos mayores, con nuestros niños. La explicación es que esas enfermedades son causadas en parte, por el daño acumulado provocado por años de exposición a los rayos ultravioleta, pero aparecen recién en el adulto.

¿Qué podemos hacer por nuestros hijos? Hay que evitar la exposición a los rayos ultravioleta en las horas del mediodía y ponerles, siempre que estén al aire libre, gorro con visera y lentes de sol. La pregunta que nos hacen siempre es: ¿qué lentes de sol?

Casi todos los materiales modernos filtran el 98-99 % de los rayos ultravioletas, y esos materiales los encuentran en los lentes vendidos en ópticas. El otro elemento que hay que tener en cuenta es que el armazón sea envolvente, cubriendo la parte lateral de los ojos y también el sector inferior hasta la mejilla.

Así, con el gorro protegiendo desde arriba y con los lentes lograremos reducir a un mínimo los rayos que llegan a los ojos del niño reduciendo así el riesgo de desarrollar enfermedades como cataratas y degeneración macular.

Esperamos que estos conceptos les sean de utilidad y nos despedimos hasta nuestra próxima entrega en la que hablaremos de lentes en los niños y ambiopía u “ojo perezoso”.

Dr. Martín Meerhoff - Oftalmólogo